miércoles, 25 de abril de 2012

Nueva vida.


Hola, me llamo Eleanor Thompson, aunque antes todos me solían conocer por El. Tengo 16 años y hoy, mi vida va a volver a cambiar, pero no estoy muy segura de si va a cambiar a mejor o a peor.
El señor y la señora Thompson, a los que antes conocía como papá y mamá, vienen a sacarme de aquí tras 6 meses encerrada. Prometieron venir a visitarme todas las semanas. Al principio lo cumplían, pero siempre que venían acabábamos peleados, por lo que tras varias semanas, se olvidaron de mi.
La idea de encerrarme aquí fue de la señora Thompson. Desde ese mismo día supe que nunca volveríamos a ser una familia normal. Ahora, me toca volver a convivir con ellos todos los días, fingir que estoy bien y que soy una chica normal. “Solo dos años más, hasta que cumplas 18”, me dice mi cabeza, pero no creo que sobreviva para entonces.
El doctor Stewart me aconsejó que antes de irme, le hiciera una visita para asegurarse de que todo iba bien. Danny, como me dijo hace unos meses que lo llamara, es un gran médico con mucha experiencia para tener a penas 27 años, además de ser la única persona que consigue sacarme una sonrisa estando aquí.
Al llegar a su consulta, me siento donde siempre y él me mira con sus preciosos ojos azules y me dedica una de sus enormes sonrisas blancas.
— ¿Tienes ganas de salir ya?
— No, volver a casa es peor que esto. — Con Danny soy totalmente sincera, es la única persona con la que me abro y me expreso.
— No digas eso, allí fuera seguro que te esperan muchas personas que te echan de menos.
— Sabes que no. No tengo familia ni amigos, no tengo razones por las que vivir…
— Con más razón todavía. Cuando salgas podrás empezar una nueva vida de cero. — Danny sabía de sobra que no terminaba de convencerme. — Si no lo haces por ti, hazlo por mí.
Ahí me había dado. Tal vez para el doctor Stewart yo solo sea una más de sus pacientes locas, pero él para mi se había convertido en mucho más. Era una pena que estuviera prometido con su novia.
— Ahora — Continua antes de que yo pueda responder — levántate para que pueda hacerte una última revisión.
Me levanto lentamente y empiezo a quitarme la ropa. Eso de quedarme desnuda delante de alguien era algo incómodo, pero hacerlo delante de Danny me avergonzaba mucho más.
Me pongo encima y espero unos segundos. Ya está. Danny vuelve a su mesa donde toma por última vez mis datos.
— 1’65m, 48’7kg. — A mí esas palabras me duelen como puños, pero él siempre sabe tranquilizarme. — Estás estupenda El, — Danny es la única persona que sigue llamándome así — ¿Recuerdas cuando viniste aquí por primera vez hace 6 meses? A penas pesabas 40kg. Eres muy valiente, muchos dudaban de que pudieras recuperarte.
— ¿Es que estoy recuperada? — Contesto yo, con una pequeña sonrisa porque sé la respuesta.
— Ya hemos hablado de esto antes…
Sí, él ya me había dicho antes que nunca más volvería ser una chica de verdad, pero siempre me recordaba que debía intentarlo para ser lo más normal posible, aunque ambos sabemos que eso es muy difícil.
El reloj marca las 18:45. Se supone que el señor y la señora Thompson vienen a por mí a las 19:00, ¿se acordarán esta vez de venir?
— Danny — rompo el silencio para despedirme — quería darte las gracias por todo lo que me has ayudado en esto meses…
Esas palabras salen de mí con una vocecilla muy tímida, pero él me responde con la mejor de sus sonrisas, como siempre.
— No tienes que agradecerme nada, solo prométeme que estarás bien y que te cuidarás.
— Te prometo que lo intentaré. — ¿Cómo no iba a prometerle algo a esos enormes ojos azules?
— Bueno, por ahora eso me vale. Recuerda que puedes venir a verme siempre que quieras.
Y después de estas palabras, Danny se acerca a mí y me da un beso en la frente, de despedida.
Me levanto de la silla y me dirijo a la puerta. Voy a salir cuando me giro por última vez y Danny me guiña un ojo. “Al menos me iré con una pequeña sonrisa”, pienso.

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