Hola, me
llamo Eleanor Thompson, aunque antes todos me solían conocer por El. Tengo 16
años y hoy, mi vida va a volver a cambiar, pero no estoy muy segura de si va a
cambiar a mejor o a peor.
El señor y
la señora Thompson, a los que antes conocía como papá y mamá, vienen a sacarme
de aquí tras 6 meses encerrada. Prometieron venir a visitarme todas las
semanas. Al principio lo cumplían, pero siempre que venían acabábamos peleados,
por lo que tras varias semanas, se olvidaron de mi.
La idea de
encerrarme aquí fue de la señora Thompson. Desde ese mismo día supe que nunca
volveríamos a ser una familia normal. Ahora, me toca volver a convivir con
ellos todos los días, fingir que estoy bien y que soy una chica normal. “Solo
dos años más, hasta que cumplas 18”, me dice mi cabeza, pero no creo que
sobreviva para entonces.
El doctor
Stewart me aconsejó que antes de irme, le hiciera una visita para asegurarse de
que todo iba bien. Danny, como me dijo hace unos meses que lo llamara, es un
gran médico con mucha experiencia para tener a penas 27 años, además de ser la
única persona que consigue sacarme una sonrisa estando aquí.
Al llegar a
su consulta, me siento donde siempre y él me mira con sus preciosos ojos azules
y me dedica una de sus enormes sonrisas blancas.
— ¿Tienes
ganas de salir ya?
— No,
volver a casa es peor que esto. — Con Danny soy totalmente sincera, es la única
persona con la que me abro y me expreso.
— No digas
eso, allí fuera seguro que te esperan muchas personas que te echan de menos.
— Sabes que
no. No tengo familia ni amigos, no tengo razones por las que vivir…
— Con más
razón todavía. Cuando salgas podrás empezar una nueva vida de cero. — Danny
sabía de sobra que no terminaba de convencerme. — Si no lo haces por ti, hazlo
por mí.
Ahí me
había dado. Tal vez para el doctor Stewart yo solo sea una más de sus pacientes
locas, pero él para mi se había convertido en mucho más. Era una pena que
estuviera prometido con su novia.
— Ahora —
Continua antes de que yo pueda responder — levántate para que pueda hacerte una
última revisión.
Me levanto
lentamente y empiezo a quitarme la ropa. Eso de quedarme desnuda
delante de alguien era algo incómodo, pero hacerlo delante de Danny me
avergonzaba mucho más.
Me pongo
encima y espero unos segundos. Ya está. Danny vuelve a su mesa donde toma por
última vez mis datos.
— 1’65m,
48’7kg. — A mí esas palabras me duelen como puños, pero él siempre sabe
tranquilizarme. — Estás estupenda El, — Danny es la única persona que sigue
llamándome así — ¿Recuerdas cuando viniste aquí por primera vez hace 6 meses? A
penas pesabas 40kg. Eres muy valiente, muchos dudaban de que pudieras
recuperarte.
— ¿Es que
estoy recuperada? — Contesto yo, con una pequeña sonrisa porque sé la respuesta.
— Ya hemos
hablado de esto antes…
Sí, él ya me
había dicho antes que nunca más volvería ser una chica de verdad, pero siempre
me recordaba que debía intentarlo para ser lo más normal posible, aunque ambos
sabemos que eso es muy difícil.
El reloj
marca las 18:45. Se supone que el señor y la señora Thompson vienen a por mí a
las 19:00, ¿se acordarán esta vez de venir?
— Danny —
rompo el silencio para despedirme — quería darte las gracias por todo lo que me
has ayudado en esto meses…
Esas
palabras salen de mí con una vocecilla muy tímida, pero él me responde con la
mejor de sus sonrisas, como siempre.
— No tienes
que agradecerme nada, solo prométeme que estarás bien y que te cuidarás.
— Te
prometo que lo intentaré. — ¿Cómo no iba a prometerle algo a esos enormes ojos
azules?
— Bueno,
por ahora eso me vale. Recuerda que puedes venir a verme siempre que quieras.
Y después
de estas palabras, Danny se acerca a mí y me da un beso en la frente, de
despedida.
Me levanto
de la silla y me dirijo a la puerta. Voy a salir cuando me giro por última vez
y Danny me guiña un ojo. “Al menos me iré con una pequeña sonrisa”, pienso.
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